martes, marzo 09, 2004

Joven con arete de perla



Aprovecho que ya sé cómo poner imágenes en esta madrinola, para contar que ayer lunes me fugué y fui a ver una película del Festival de Cine de la Ciudad de México: Girl with the Pearl Earring, con Scarlett Johansson, la misma actriz que aparece en la película de Sofía Coppola, Lost in Translation.

Cosa rara: ambas películas son historias de amor que nunca llegan a consumarse físicamente, sino que están sublimadas: una en el siglo XVII y otra en el siglo XXI. En una, el pintor holandés Jan Vermeer pinta una de sus obras maestras tomando como modelo a una de sus sirvientas, la sensual y sensible Griet, a quien le comienza a enseñar los secretos del arte pictórico.

Por cierto: la película está basada en una novela de Tracy Chevalier y casi todo es ficción, pues no se saben a ciencia cierta muchos datos de la vida del pintor ni de quien era en realidad la modelo del cuadro. De Vermeer sólo se conocen 35 obras, que andan regados por los principales museos del mundo.

En tanto, en la película de la Coppola, Johansson es una joven casada, atractiva y culta, que se la pasa aburridísima en Tokio mientras su esposo, un fotógrafo de popstars, anda trabajando. Ella coincide en el bar del hotel con un actor veterano venido a menos que tiene que grabar un comercial de whisky por la friolera de dos millones de dólares, aunque en realidad a él le gustaría estar haciendo teatro. Ambos se comprenden y al parecer se enamoran, pero no pasa nada entre ellos.

En ambas cintas, las parejas saben que han encontrado a sus almas gemelas pero las convenciones sociales les resultan insalvables. Además, saben que perderían todo si se dejan llevar por la pasión, así que deciden dejar ir al amor de su vida y conservarlo en el recuerdo.

En una, el pintor le regala a la sirvienta los aretes de perla de su esposa que la joven usó para posar en el cuadro (evidentísima referencia freudiana: le ha regalado su hombría, pues no ha sido capaz de defenderla para que no la corra su histérica cónyuge). En otra, el viejo actor corre detrás de la chica para decirle al oído algo que no podemos escuchar y él se va en el carro con una sonrisa de satisfacción.

Resulta por lo menos inquietante que en ambas los personajes no se atrevan a consumar su amor y prefieran sublimarlo. ¿Será que la pasión arrebatadora está dejando de ser atractiva y que preferimos seguir con nuestras vidas cómodas e infelices en lugar de luchar hasta el final y a pesar de todo por lo que amamos? ¿Será que la edad me está reblandeciendo el cerebro y ya me estoy volviendo un imbécil romántico? ¿Será que siempre lo había sido pero nunca me había atrevido a reconocerlo?

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

no se pero ante todo me gusto mucho la película,que a pesar de todo siendo sirvienta la eligió para retratarla en el cuadro a pesar de que su amor no fuera consumido.

5:11 p. m.  

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